Con ocasión del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) expresa su profunda preocupación y su firme rechazo ante los casos de abuso de poder, acoso sexual y, en general, cualquier forma de violencia sexual que siguen apareciendo en las universidades y centros de investigación españoles. Estas conductas no tienen cabida en ningún contexto.
En España, las universidades y organismos públicos de investigación han comenzado a visibilizar una realidad que durante años permaneció infraidentificada: el acoso sexual, el acoso por razón de sexo y el abuso de poder en el contexto académico y científico. Lejos de ser episodios aislados, los datos muestran que estas situaciones son más habituales de lo que se reconoce públicamente. En el informe Científicas en Cifras 2025, realizado por la Unidad de Mujeres y Ciencia del Ministerio de Ciencia, Universidades e Innovación, basado en una encuesta a 2.452 personas —1.963 mujeres—, el 13,2 % de las mujeres afirma haber sufrido acoso sexual en el lugar de trabajo en algún momento de su vida, y el 23,9 %, acoso por razón de género. A pesar de esta magnitud, solo el 35 % de las mujeres considera que su centro abordó adecuadamente los casos para proteger a las víctimas.
A ello se suma que, si bien cerca del 95 % de las universidades declara implementar políticas contra la discriminación y el acoso y más del 98 % dice actuar contra el acoso sexual y por razón de sexo, la sola existencia de protocolos no garantiza su correcta aplicación. Así lo evidencia también el informe Universidades socialmente comprometidas de la Fundación CYD, basado en una encuesta a 46 universidades públicas y 28 privadas.
En organismos científicos, los datos siguen la misma tendencia: una encuesta interna en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), con 104 personas participantes, muestra que el 15 % de las mujeres y el 2 % de los hombres declara haber sufrido acoso sexual o por razón de sexo en su institución.
Todo ello configura un panorama en el que el acoso no es un fenómeno anecdótico, sino una expresión persistente de desigualdades de género, jerarquías abusivas y culturas de organización que aún no garantizan plenamente la seguridad y la dignidad de quienes investigan, enseñan y trabajan en nuestras instituciones científicas. Y si recurrimos a la conocida metáfora de la “tubería que gotea”, las salidas prematuras de mujeres de la carrera científica debido al acoso y la violencia constituyen una de sus manifestaciones más graves: historias no contadas que representan pérdidas de talento, vocaciones truncadas y proyectos vitales interrumpidos.
Desde AMIT consideramos que es necesario que los protocolos se apliquen mediante procedimientos especializados, con personal formado y experto en acoso, abusos y violencias de género. Es necesario escuchar activamente a las víctimas ―no se puede desconfiar de sus testimonios―, así como garantizar su seguridad, evitar la revictimización y asegurar que no se deja de investigar ningún caso. La transparencia y la prevención deben ocupar un papel central: identificar precozmente situaciones de riesgo, proporcionar canales seguros de actuación y asegurar entornos laborales y académicos libres de violencia y discriminación.
Como Asociación comprometida con la igualdad y los derechos de las mujeres en el acceso y desarrollo de la carrera científica e innovadora en todos los campos del conocimiento, y como red de apoyo y representación, AMIT reafirma su compromiso con la construcción de instituciones científicas más seguras, justas y responsables, que permitan la plena participación, el bienestar y el desarrollo profesional de todas las mujeres que forman parte del sistema de I+D+I.



