Profesora contratada doctora en el Departamento de Física Teórica e IPARCOS, Universidad Complutense de Madrid.
(Madrid, 1981)

Prado Martín Moruno es investigadora y profesora en la especialidad de Física Teórica en la Universidad Complutense de Madrid, dedica una parte de su tiempo a la divulgación y es presidenta del nodo AMIT-Madrid.

Las razones que llevaron a Prado Martín Moruno a Física tienen que ver tanto con sus intereses personales como con su calidad académica:

«A mí me gustaba escribir, me estimulaba el teatro, me interesaba la filosofía y era muy buena en matemáticas. Quería hacer medicina, tenía la idea de ser ginecóloga. Pero, aunque las ciencias me gustaban, lo de memorizar cosas no me va mucho, y pensé que tendría que aprenderme los nombres de no sé cuántos huesos, etc. Cuando estaba estudiando para Selectividad, me di cuenta de que todo eso me parecía más rollo y lo que veía como un reto, lo que me parecía más interesante estudiar, era Física».

 

Al comienzo de su carrera de Ciencias Físicas, no estaba decidida por una especialidad concreta. A Prado le interesaba conocer el universo, y dudaba sobre si eso se abordaba desde la astrofísica o desde la física teórica:

«En un momento dado me di cuenta de que lo que yo quería era conocer el universo a lo grande, no el interior de una estrella, y eso es física teórica, cosmología. Y la verdad es que en cuanto empecé la carrera tuve claro que había elegido bien».

 

La carrera de Ciencias Físicas es una de las que mantiene una ratio de mujeres matriculadas bastante estable en España, entorno al 25%. Pero esos datos no son los de física teórica, una especialidad altamente masculinizada.

«Recuerdo una asignatura de la especialidad de teórica en la que yo era la única chica matriculada. Entonces no me preocupaba que hubiera pocas chicas, pero sí evitaba los ambientes en los que no me sentía cómoda: ambientes muy competitivos, por ejemplo. En esos casos, prefería prepararme por mi cuenta. Pero, en la asignatura en la que yo era la única, estaba tan a gusto y la encontré muy interesante».

 

Una vez acabada la carrera, entró en el programa de doctorado de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid, en el Instituto de Física Fundamental del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

«Me dirigió la tesis Pedro Félix González Díaz que era un genio, un maestro en mayúsculas. Después pensé que a lo mejor con otra persona no me hubiese dedicado a la investigación, pero él fomentaba mucho la reflexión, la adquisición de conocimiento en general, la multidisciplinariedad, la vocación. Si yo hubiera ido a parar a un sitio de producción continua de papers es muy probable que no me hubiese gustado y no hubiera seguido. Pero cuando empiezas con esa motivación, -intentar disfrutar de lo que haces- la llevas contigo donde vayas. Es el punto lúdico de la investigación. Porque la ciencia es bonita de narices».

 

Y esa es la línea que sigue en la actualidad Prado Martín en su trabajo con los estudiantes, tanto con los de grado como los de doctorado.

«Tú les das conocimientos, pero ellos te devuelven esa motivación».

 

Tras acabar su doctorado en el Instituto de Física Fundamenta, comenzó su etapa posdoctoral, en una buena parte fuera de España.

«Durante el doctorado ya estuve en estancias internacionales, en la Universidad de Alberta (Canadá) y en la Universidad Federico II de Nápoles (Italia). En Nápoles estuve 4 meses seguidos y luego yendo y volviendo bastante tiempo, y en Canadá, un par de meses. Como posdoctoral, estuve 2 años en Victoria University of Wellington (Nueva Zelanda) y año y medio en Portugal, primero en CENTRA (Instituto Superior Técnico, Portugal) y, más tarde, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa. Las estancias internacionales te sirven para aprender mucho y no solo de tu ámbito de investigación. Por ejemplo, en Nápoles, fui de oyente a las clases de grado de Salvatore Capozziello. Él tenía una forma de explicar muy centrada en la física, mientras que la que yo había visto hasta entonces era muy matemática. Me gustó mucho reflexionar sobre qué significa algo físicamente y no quedarte en la matemática, porque la matemática tiene que ser rigurosa, obviamente, pero la matemática es solo el lenguaje. En Canadá fue distinto, pero me encantó porque era internacional de verdad. Yo vivía con dos compañeras del departamento, una iraní y otra vietnamita. Aprendías hablando con ellas de la vida diaria, porque las visiones diferentes al final son muy enriquecedoras».

 

Su etapa posdoctoral en Nueva Zelanda y Portugal también fue muy interesante profesionalmente:

«En Nueva Zelanda estuve con Matt Visser, que es una persona muy creativa. Hace unos trabajos buenísimos y además los sabe transmitir de una forma muy interesante. Y eso es algo que me parece también importante. No entiendo a los investigadores o investigadoras que cuando llega el momento de escribir el paper, dicen ¡qué rollo!, ahora tengo que escribir esto. Yo no entiendo que no quieras comunicar algo que te emociona. En Portugal también estuve muy contenta, cuando llegué yo era la única investigadora posdoctoral en el grupo de la Facultad de Ciencias pero luego empezó a crecer. Allí yo era más madura científicamente. Digamos que ya defendía mis opiniones. Yo venía con la cosa de si creo que algo está mal, me estaré equivocando yo. Pero en Lisboa ya no, si tenía claro que esto es así, es así y lo digo con educación, pero es así. También aprendí mucho. Allí trabajé con Nelson Nunes que venía de una cosmología más observacional».

 

Su regreso a España fue en 2015 con una ayuda Juan de la Cierva que le permitió incorporarse al Departamento de Física Teórica de la Universidad Complutense de Madrid, donde es Profesora Contratada Doctora desde 2021. Ha participado en la acción COST CANTATA (financiada por el programa Horizon), de la que fue colíder del grupo de trabajo más numeroso durante el periodo 2016-2020 y es miembro asociado de varios consorcios internacionales. También recibió en 2017 uno de los premios nacionales For Women In Science de L’Oréal-UNESCO.

Su forma de describir la línea de investigación que sigue en la actualidad no puede ser más gráfica:

«Sigo intentando cargarme la relatividad. No porque esté mal, que cada vez que te la intentas cargar te das cuenta de lo maravillosa que es y lo bien que funciona. Pero trabajamos en considerar qué ocurre si se rompen las simetrías de la teoría, en particular qué pasaría con la energía y la materia oscuras. En ese caso, la energía y la materia oscuras podrían tener unas características distintas que podrían ayudarnos a describir cosas que no podemos describir en el marco relativista con energía de forma estable o incluso en el marco inflacionario. También me interesan los agujeros negros, en particular considerar que podrían ser muy distintos por dentro sin presentar zonas que no sabemos estudiar. Aunque son cosas muy distintas, en mi cabeza siempre lo veo conectado, ya que tanto para que se acelere la expansión cósmica como para no perder la predictibilidad en el interior de los agujeros negros podría ser necesaria el mismo tipo de energía exótica, de naturaleza repulsiva».

Ha publicado más de 60 artículos revisados por pares, principalmente en revistas de alto impacto, así como 5 capítulos de libro. Ha dirigido 6 trabajos fin de grado, 8 trabajos fin de máster y 1 tesis doctoral. Y dedica también una parte importante de su tiempo a la divulgación. En 2019 recibió el premio de la Fundación BBVA-RSEF al mejor artículo de divulgación publicado en la Revista Española de Física por el trabajo “Monólogo de una gravitona en crisis de identidad. O sobre las teorías alternativas de la gravedad”.

En su opinión, los dos artículos científicos que han sido más importantes hasta ahora para su carrera son Worse than a big rip?, del que explica: “Lo publicamos como parte de la investigación de mi tesis doctoral, y en él mostramos como el futuro del universo podría ser muy diferente a lo que se había considerado si la energía oscura tuviera una densidad de energía cada vez mayor. Aprendí que en una investigación siempre hay que mirar más allá de los resultados que esperas encontrar y reflexionar sobre cómo interpretar lo inesperado”. El segundo artículo que destaca es Massive gravity from bimetric gravit del que dice: “En este trabajo discutimos la relación entre dos teorías de gravedad modificada: gravedad masiva y gravedad bimétrica. Siguiendo un camino diferente al considerado hasta el momento, logramos entender mejor la base fundamental común que subyace a estas dos teorías. Considerar un camino distinto al que se asume habitualmente te puede llevar a comprender nuevos aspectos subyacentes de las teorías bajo estudio”.

Además, Prado Martín Moruno es la presidenta del nodo AMIT-Madrid desde 2023.