Doctora en Química

Catedrática. Universitat Autònoma de Barcelona
(Oliana, Lleida, 1977)

Eva Pellicer Vilà estudió Química y se especializó en química física aunque desde que empezó a trabajar lo hizo ya rodeada de físicas y físicos:

«Me focalicé en el área de ciencia de materiales que es un poco híbrida, en ella hay tanto personas expertas en química como expertas en física. Y terminé en el Departamento de Física de la Universitat Autònoma de Barcelona».

 

Durante la secundaria, se interesó tanto por las ciencias como por las humanidades:

«Me gustaba todo. Por ejemplo, me interesaban mucho los idiomas y la literatura. Al final me decidí a estudiar una carrera de ciencias porque pensé que desde las ciencias podría ser más fácil llegar a las humanidades que el camino inverso».

 

La decisión de elegir Química estuvo relacionada con una de sus profesoras:

«Me gustaban tanto la física como la química y las matemáticas. Pero tuve aquella profesora tan buena que creo que estudié química por ella».

 

Unida a la influencia de aquella maestra, Eva Pellicer recuerda su enorme curiosidad de niña, lo que también le acercó al mundo científico:

«Me acuerdo de que estaba enferma, en cama, y teníamos un termómetro de aquellos de mercurio que se cayó y se rompió. Yo llevaba un anillo de oro y debí tocar una de las gotitas de mercurio porque el oro se amalgamó y se volvió gris, mate. Y yo pensé que cómo había podido ocurrir eso en un segundo».

 

Todo eso le llevó, en 1995, a matricularse en Química en la Universitat de Barcelona. Los inicios no fueron fáciles para ella. Acostumbrada a vivir en un pueblo donde todo el mundo la conocía y a estar en una clase con otros quince o dieciséis compañeros, pasó a vivir en Barcelona y a asistir a una clase de cien personas:

«Del grado no disfruté mucho, me sentía como un número. Sí disfruté del master y del doctorado».

 

Hay otro hecho en la vida de Eva Pellicer que le ha marcado profundamente. A los 16 años le diagnosticaron una enfermedad autoinmune, artritis reumatoide, con la que convive desde entonces y que le ha obligado a pasar por el quirófano varias veces y a medicarse:

«Me ha costado lo mío pero si una tiene fortaleza, es perseverante y le gusta lo que lo que hace, nada te puede detener. Está claro que vas a encontrar obstáculos y que mi día seguramente sea más costoso, física y mentalmente, que el de otra persona, pero eso no me para».

 

La decisión de hacer el doctorado y dedicarse a la investigación tardó en llegar. Durante el máster advirtió a las que luego serían sus directoras de tesis:

«No vayáis a pensar que voy a hacer la tesis. Solo hago un máster y luego seguramente me iré a la empresa privada».

 

Pero las cosas no salieron así porque en su vida se cruzó la investigación:

«Poco a poco me fui dando cuenta de que en realidad yo sí quería hacer una tesis doctoral y seguramente dedicarme a la investigación».

 

Su tesis la dedicó al desarrollo de la fabricación por métodos electroquímicos de películas de aleación metálica (cobalto-molibdeno) con propiedades magnéticas para aplicarlas en dispositivos microelectromecánicos. Ya completamente integrada en ciencia de materiales, un área científica que en los últimos años ha vivido una importante renovación:

«Cuando se gestó, la ciencia de materiales era más ingeniería de materiales, muy vinculada a propiedades mecánicas, más ingenieriles. Pero en la actualidad, es un área mucho más rica porque si te vas a la nanoescala aparecen todas esas propiedades eléctricas, magnéticas, ópticas nuevas por el efecto del tamaño… Es todo un mundo de posibilidades».

 

Eva Pellicer explica su trabajo como ingeniería a la inversa:

«Tú dices, quiero un material que satisfaga estas determinadas propiedades para esta determinada aplicación. Y a partir de ahí debes definir cómo tiene que ser, cómo debes diseñarlo, cómo lo vas a procesar, cómo lo vas a sintetizar, qué tamaño va a tener y cuáles van a ser sus componentes».

 

El ámbito de la ciencia de materiales es uno de los más masculinizados de la investigación:

«Supongo que tiene que ver con esa visión ingenieril inicial de la disciplina».

 

Reconoce que a ella no le ha afectado mucho esa situación en su desarrollo profesional porque el ámbito en el que investiga está en la vanguardia, alejado de la parte más mecánica de la disciplina pero

«Sí es verdad que vas a congresos de materiales y los que imparten las charlas keynotes, plenarias, etc., en su mayoría son hombres. Todavía sucede».

 

Una vez acabado el doctorado, pasó estancias posdoctorales en el Instituto Bioforsk (Noruega) y el ETH-Zürich (Suiza) hasta que empezó su trabajo en el Instituto Catalán de Nanotecnología, en el campus de la UAB. Tras un año y medio, consiguió una beca Beatriz de Pinós para el Departamento de Física de esa misma universidad y tras ella un Ramón y Cajal.

En la actualidad, codirige un grupo junto a un investigador ICREA:

«Él es físico y yo soy química así que podríamos decir que nuestro grupo tiene bicefalia. Yo me encargo más de todas las técnicas de síntesis y él se encarga más de las propiedades físicas de los materiales. Aunque yo también me encargo de eso. En realidad, no son compartimentos estancos».

 

Una de las líneas de investigación de su grupo está centrada en la producción de hidrógeno verde a partir de agua y la otra está dedicada a las memorias magnéticas:

«Desarrollamos materiales para almacenaje de información que eviten que se calienten los ordenadores».

 

 

Eva Pellicer en su laboratorio de la Universitat Autònoma de Barcelona

Hasta ahora, y además de 240 artículos en revistas de alto impacto y de la obtención de proyectos competitivos nacionales y europeos, Eva Pellicer ha logrado cuatro patentes y dirigido 14 tesis doctorales. Además, en 2005 obtuvo el Westinghouse Prize que otorga el Institute of Metal Finishing (Reino Unido) y en 2014 la beca ‘For Women in Science’ de L’Oréal-Unesco. De entre todos los artículos que ha publicado, ella destaca Nanocrystalline electroplated Cu–Ni: Metallic thin films with enhanced mechanical properties and tunable magnetic behavior que refleja su interés por la síntesis de materiales nanoestructurados por electrodeposición y cómo, gracias a ella, mejoran sus propiedades físicas y Mesoporous Ni-rich Ni–Pt thin films: Electrodeposition, characterization and performance toward hydrogen evolution reaction in acidic media que muestra cómo la introducción de porosidad a la nanoescala permite obtener catalizadores más eficientes para la producción de hidrógeno a partir de la rotura de la molécula de agua y que ilustra su compromiso por migrar hacia formas de energía no dependientes de los combustibles fósiles.

Forma parte, como vocal, de la junta directiva de AMIT desde octubre de 2025