En las últimas semanas estamos asistiendo a una avalancha de comentarios negativos aparecidos en varios medios sobre el funcionamiento y las gestiones científica y económica del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).
En muchas (casi todas) de estas informaciones publicadas por los medios se detectan numerosos errores que no se corresponden con la realidad y que conducen a la desinformación. Como la campaña está afectando muy negativamente a la reputación del CNIO, y en particular a la de su directora científica, queremos aportar una serie de puntualizaciones que, sin entrar en juicios de valor ni opiniones sobre la gestión científica y financiera del centro, que no nos competen, aclaren los términos y relaten hechos contrastables.
Como puede comprobarse en el organigrama que el centro publica en su portal de transparencia (https://www.cnio.es/acerca-del-cnio/portal-de-transparencia/informacion-institucional-organizativa-y-juridica/informacion-organizativa/direccion-y-gerencia/ ), el CNIO está organizado bajo el liderazgo de dos cargos que no tienen entre sí dependencia funcional: la dirección científica y la dirección gerente. La dirección científica se ocupa de los aspectos científicos y de las actividades de comunicación, extensión, divulgación, transferencia y educación científicas y de la filantropía; es la imagen pública del centro. La dirección gerente gestiona la contabilidad, las finanzas, las cuentas anuales y todos los recursos humanos y económicos, lo que incluye compras de material e infraestructuras, logística, mantenimiento de instrumentación, selección y contratación de personal, salud y seguridad del empleado. Como puede comprobarse en dicho organigrama, la gerencia no depende de la dirección científica, y viceversa: cada cargo gestiona sus responsabilidades sin interferencia o mandato del otro, y rinde cuentas por separado al Patronato del CNIO. Es esencial comprender esta organización antes de publicar informaciones que atribuyen erróneamente responsabilidades sobre la gestión científica y la económica a quien no las tiene.
En los comentarios que se han publicado se dice respecto a la dirección científica que la calidad se está deteriorando; no nos corresponde juzgar este punto, pero queremos hacer notar que en 2024 tanto el Comité Asesor (formado por científicos/as externos de reconocido prestigio internacional) como la evaluación del Programa Severo Ochoa (gestionado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades con el asesoramiento de expertos/as independientes) han emitido sendos informes favorables a la actividad y estrategia científicas. El personal científico del CNIO puede lícitamente opinar que la gestión científica es mejorable, criticarla y desear e impulsar un cambio, pero sería de agradecer que se aportaran datos concretos y un discurso constructivo al respecto. Comentarios sobre investigadores/as que han abandonado el centro no incluyen un análisis de sus razones, que podrían no relacionarse con un potencial declive en la calidad científica del centro sino con otro tipo de decisiones lícitas personales y profesionales. Nos parece tendencioso no hacerlo así.
Sobre el programa ARTE CNIO del que tanto se ha hablado, no se han aportado datos que contradigan la utilización de esta iniciativa a efectos de divulgación de la ciencia, ni de la exclusiva utilización de fondos procedentes de mecenazgo otorgados exclusivamente para tal fin.
Hasta aquí, las críticas a la directora se refieren claramente a las competencias de ésta. Lo que sorprende enormemente es que los puntos resaltados por las informaciones que han aparecido en los medios tienen que ver, principalmente, con la gestión de la dirección gerente, pero se responsabiliza a la directora científica de ellos. No se menciona en ninguna parte que es el director gerente quien tiene la capacidad y la responsabilidad de actuar y decidir sobre, por ejemplo, el mantenimiento y adquisición de equipos, por lo que estaría bajo su responsabilidad el deterioro de los microscopios confocales o del animalario, Al ser de su competencia las acciones de recursos humanos, los asuntos de acoso laboral también serían objeto de su actuación y resolución. Tampoco se resalta que el Patronato ha pedido sendos informes independientes a ambos directores y detalles de la parte financiera.
Estas “informaciones” atribuyen erróneamente los males financieros, de mantenimiento de equipos y de gestión de personal científico a quien no corresponde, y podrían interpretarse como una campaña de persecución a la persona que ostenta la dirección científica, y no como una actividad lícita de crítica a la gestión de una institución pública. Incentivada por estas informaciones tan sesgadas, ha florecido una campaña de desprestigio orquestada y jaleada por personas y entidades de dudosa solvencia científica y muy dudosa tradición democrática. Esta campaña incluye comentarios descalificadores de máxima gravedad sobre la directora científica del CNIO, muchos de ellos sexistas y machistas, que la comunidad científica y las autoridades políticas de este país no deberíamos permitir que ocurrieran y no deberíamos dejar sin respuesta.
¿Se deben estos comentarios a que la directora es científica y no científico? ¿Por qué no se difunde el nombre del director gerente, posible responsable de algunos de los supuestos hechos? Desgraciadamente, no nos sorprende que se ataque de tal modo y sin razones a una científica eminente que ocupa un puesto de gran liderazgo y que ha dotado al CNIO de un gran programa de apoyo específico a las mujeres científicas; hay antecedentes. Queremos desde estas líneas y, como ya decíamos al principio de este texto, sin entrar en juicios de valor, levantar la voz para que las circunstancias relativas al CNIO o a cualquier otra institución científica se discutan, evalúen y se critiquen, si así se considera, siempre en base a datos ciertos e informaciones contrastadas y no mediante juicios de valor ni estrategias de “acoso y derribo” de carácter personal. El daño a las personas, a las entidades y al sistema de ciencia de España es injusto y, lejos de aportar transparencia, daña la reputación de las personas dedicadas a la investigación en nuestro país que con tanto esfuerzo han conseguido levantar.


