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Hoy se entregan los Premios Rei Jaume I 2024. El pasado año, cuando se anunció quiénes eran los galardonados, siete premios para siete varones, desde la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) ya hicimos pública nuestra protesta, como lo hicieron muchas otras organizaciones.

Contamos en el sistema de ciencia y tecnología con una legislación que impulsa y obliga a la paridad de sexo en la formación de comisiones, grupos de trabajo, tribunales de evaluación de cualquier tipo, etc. Esa legislación se aplica desde hace años en todas las administraciones: autonómica, estatal y europea. Sin embargo, cuando se trata de iniciativas privadas, como en este caso los Premios Rei Jaume I, la paridad brilla muchas veces por su ausencia tanto en la consecución de candidatas como, en consecuencia, en la resolución de los premios. Y no es menos grave ni menos discriminatorio.

En la última convocatoria de los Premios Nacionales de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades aplicó unas bases para paliar precisamente la discriminación histórica que han sufrido las investigadoras. Y lo consiguieron. Lograron que se presentara un récord de candidatas. Por tanto, la tan manida excusa de que en este tipo de eventos no puede hacerse nada no solo es falsa sino que parece esconder la intención de perpetuar la discriminación.

Desde AMIT queremos hacer un llamamiento a la Fundación Premios Rei Jaume I, entidad organizadora de los Premios Rei Jaume I, para que en próximas convocatorias pongan en marcha mecanismos de corrección de la discriminación no solo por el bien de la sociedad y del sistema de ciencia y tecnología sino también por el suyo propio ya que indiscutiblemente un aumento del número de candidatas y de premiadas mejorará considerablemente la imagen tanto de la fundación como de los premios.

Como dice Capitolina Díaz, socia y expresidenta de AMIT: “Viviendo como vivimos en sociedades de supremacía masculina, no es posible creer que, ni en ciencia, ni en ningún otro ámbito, se produzca el azar puro, la neutralidad, la objetividad en la valoración de los méritos. Las cosas están organizadas, en sus estructuras y en nuestras cabezas, para que sobrevaloremos a niños y a los hombres y desvaloricemos a las niñas y las mujeres”. Esto es un hecho y para cambiarlo es imprescindible actuar.